ARTESANÍAS
UNA CÁLIDA
BIENVENIDA
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Las
figuras predilectas por las alfareras de Amatenango, y que tienen
más demanda, son las palomas.
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Amatenango del Valle es una de las
poblaciones mayas más agradables e interesantes de Chiapas. Las mujeres
son muy amistosas y las puertas de sus casas siempre están abiertas al
visitante. A la entrada de la población, niñas ofrecen "gratis" al fuereño
animalitos de barro, con la condición de que les adquiera las piezas que
ellas tienen en exhibición a la orilla de la carretera o en el interior
de sus casas. A veces dicen "te regalo este caballito y esta paloma",
y en cuanto el turista los agarra, ellas reclaman "dame un peso" o "dame
cinco pesos", dependiendo del número de piezas "regaladas". Pero bien
vale la pena adquirir esas graciosas figuras que son los primeros trabajos
con los que las niñas se inician en la alfarería.
Amatenango es un pueblo tranquilo
y los viajeros pueden transitar con confianza por sus calles y entrar
en los patios y casas solicitando autorización a sus dueños
para observar las labores artesanales. Únicamente hay que abstenerse de
tomar fotografías, pues por costumbre estos indígenas rechazan las cámaras.
Si se entabla una verdadera amistad con alguna familia, o se adquiere
un buen lote de piezas, entonces las alfareras acceden a ser fotografiadas
durante su trabajo.
Cuna de creadoras y preceptoras
de la tradición, Amatenango del Valle es un poblado de mujeres mayas que
a través de generaciones han confrontado en sus manos a los cuatro elementos
de la naturaleza: tierra, viento, fuego y agua, para dar forma a lo informe,
alma a lo inerte. Ellas son seres que llevan en la sangre las enseñanzas
de civilizaciones ancestrales.
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