HISTORIA
COSMOLOGÍA MAYA

EL CIELO

Chaac
Dios de la Lluvia

El Caan o cielo, así como los dioses que en él habitan, representa para los mayas la paz, la bondad y la luz. Es el género masculino del universo, y de su unión con la tierra, la parte femenina, nació la vida en el mundo. Al Caan suben, ya muertos, quienes hayan llevado una vida recta, al igual que los hombres fallecidos durante batallas y las mujeres que mueren al dar a luz. Para llegar al cielo ascienden por el tronco y las ramas de la ceiba, el árbol sagrado entre los mayas.

    El Caan se divide en trece niveles, representados con una pirámide de seis escalones que inician en el este y llegan hasta un séptimo ubicado en el cenit; desde aquí, otros seis escalones descienden por el oeste. En cada uno de estos niveles gobiernan los Oxlahuntikú, los trece dioses del mundo superior, considerados también un solo dios. No se conocen todos sus nombres ni sus glifos representativos. Lo que ha podido descifrarse indica que estos dioses celestes se interrelacionan tanto con los habitantes de la tierra como con las deidades del inframundo.

    Por encima de ellos, habitando el séptimo nivel, está Hunab Ku, la divinidad creadora, quien por ser incorpóreo carece de representación gráfica. En la antigüedad, si alguna ceremonia se organizaba en su honor, ésta corría a cargo de la clase sacerdotal, cuyos ritos eran prácticamente desconocidos por los mayas comunes.

    Itzam Ná, señor de los Cielos e hijo de Hunab Ku, es quien preside la sociedad divina. Como deidad celeste proporciona las lluvias; en su carácter terrenal constituye el suelo fértil para la siembra. Al igual que la mayoría de los dioses mayas, Itzam Ná es cuatro dioses en uno, cada cual con su color y su orientación: el Itzam Ná rojo en el este, el blanco en el norte, el negro en el oeste y el amarillo en el sur. Se le atribuyen, asimismo, diferentes advocaciones; es el dios de la medicina, de la tierra y el fuego, e inventor de la escritura y de los libros. En la antigüedad se lo invocaba, mediante rezos y ceremonias, a fin de pedirle dos favores fundamentales: que evitara las calamidades públicas y que enviara la lluvia necesaria para una buena cosecha.

    Compartiendo el cielo con Itzam Ná, de menor jerarquía que éste pero muy importantes para los mayas, existen una serie de dioses que rigen diversos aspectos de la naturaleza. Encabezando a estas deidades está Kinich Ahau, el dios Sol, que los antiguos mayas representaban como un joven apuesto o como un anciano de prominente nariz, dualidad también presente en sus advocaciones. Se trata de un dios benévolo durante su cotidiano viaje por los trece niveles superiores, y de un dios maligno cuando por las noches penetra a la región del inframundo.

    La compañera del Sol se llama Ixchel, diosa de la Luna. Se la considera deidad de la procreación, la medicina, el tejido, el canto y los nacimientos. Su morada es el cielo, en donde habita casi siempre en paz con su cónyuge. Los pleitos entre ambos, sin embargo, provocan alteraciones cósmicas; los eclipses, por ejemplo. Ixchel se relaciona igualmente con los cuerpos de agua: lagos, lagunas, ríos subterráneos e inclusive el mar son sus moradas, por lo cual recibe títulos como Dama del Mar o Ella en Medio del Cenote.

    Noh Ek, nombre maya que significa gran estrella, y Xaman Ek, estrella del norte, son dos deidades del cielo que influyen, aunque en forma menor, en la vida diaria. El primero es el dios del planeta Venus, a quien se relaciona con la buena cacería; el segundo, el dios de la Estrella Polar, deidad benévola a quien se encomendaban los marinos al navegar de noche.

    El cielo maya es igualmente la morada de Chaac, el dios de la Lluvia. Se trata de una deidad benévola, asociada con la creación y la vida. También está formado por cuatro dioses en uno, encabezados por Kunku Chaac, el dios Rojo del Poniente. Sus funciones consisten en provocar los relámpagos y la lluvia, indispensable para una buena cosecha.

    La creencia en Chaac es una de las que sobreviven con mayor fuerza en la religión de los mayas actuales. En todo el Mundo Maya realizan ceremonias y dedican ofrendas a la deidad de la lluvia, cuando año tras año oran para que dé fin la temporada de sequía. Finalmente, está Kukulcán, la Serpiente Emplumada, un dios dual que representa a la tierra y su deseo por ascender al cielo, y el mismo cielo que desciende a la tierra. El caos se armoniza en él porque Kukulcán es la reunión de los opuestos.



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