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HISTORIA
COSMOLOGÍA MAYA LA TIERRA
Itzam
Cab Ain Los mayas afirman que la superficie de la tierra es el lomo rugoso de un gran reptil. Y dado que los reptiles son considerados animales divinos, la tierra en sí misma constituye una deidad. De acuerdo con esta idea, los mayas habitan en un dios, quien les proporciona lo necesario para subsistir: el alimento y el agua, así como lo indispensable para vestir o construir un techo. De todo lo que la tierra produce, hay para los mayas una planta que representa la vida misma, por lo que se le atribuyen propiedades de deidad. Es el maíz, materia prima que, según el Popol Vuh, libro sagrado escrito en el siglo XII, los dioses originales utilizaron para crear al hombre, después de dos intentos fallidos con barro y madera: de maíz estamos hechos los seres humanos, y nos seguimos conservando de maíz al ingerirlo. En la superficie de la tierra viven los Tzultacah, dioses cuyo nombre significa montaña-llanura. Su número es indeterminado, aunque en algunas plegarias se los invoca como los Trece Tzultacah. Cada una de estas divinidades es dueña de una determinada elevación, en cuyo interior habita. Para los mayas existen Tzulta cah machos y hembras, quienes llevan una vida casi mundana: se enamoran, se casan entre sí e inclusive se dejan por otro; y las fiestas que celebran en el interior de la tierra pueden ser tan excesivas que causan el desborde de los ríos y las consecuentes inundaciones. Sin embargo, los Tzultacah protegen al hombre: cuidan sus cosechas, vigilan al ganado y, como propietarios de las presas de caza, las sueltan a discreción para que los hombres logren una buena cacería. A cambio, las montañas en las que habitan los dioses son recipientes de ofrendas y oraciones, y en algunos casos de la sangre de pequeños animales sacrificados. Los antiguos mayas compartían la misma concepción del universo, en el sentido de que, fuera cual fuera la actividad que se realizara, tenía el objetivo último de agradar a los dioses y de mantener el equilibrio natural del entorno. A cambio, las deidades los protegían y ayudaban a llevar a buen término las actividades comunitarias. Hoy, como ayer, existe la creencia de que la rectitud, la bondad, la lealtad, las abstinencias de placeres físicos, el cuidado de los hijos y de la milpa, la fidelidad y el respeto a la naturaleza, conducen a alguno de los trece niveles del cielo, donde por un tiempo se disfrutan paz y descanso. Quienes actúen de manera contraria están destinados a pasar una prolongada estancia en el mundo inferior, convertidos en perros o mulas que trabajan sin cesar, hasta que su alma regrese a la tierra en busca de una nueva oportunidad.
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