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HISTORIA
SUSTENTO DE LOS MAYAS
Cuando Colón se topó con América, no andaba en busca de un nuevo mundo, sino de una ruta más corta, fácil y segura para llevar a Europa las preciadas especias del Oriente. Pero descubrió algo más valioso: el maíz. Texto por Juan José Morales / Ilustraciones por Carlos Porras y Roberto Franco Las grandes civilizaciones de Mesoamérica mayas, aztecas, toltecas, zapotecas, mixtecas, olmecas, entre otras no habrían podido existir sin el maíz: ese grano duro y blanquecino o amarillo, fue auténtico eje de su agricultura y base de su alimentación. Vivían de y para él, por lo cual estaba profundamente engranado a todos los aspectos de su vida, desde la mitología y la religión hasta la medicina. Superiores en productividad a cualquier cereal del Viejo Mundo trigo, arroz, sorgo, cebada y centeno, las cosechas de maíz permitían no sólo alimentar todo el año a sus cultivadores, sino también generar excedentes para sostener a la élite gobernante de sacerdotes, astrónomos, guerreros, escribas, funcionarios públicos y artistas que manejaban las complejas sociedades precolombinas. Además, al tener garantizada la subsistencia, los campesinos podían dedicar tiempo a la construcción y conservación de caminos, murallas, templos, plazas, palacios y grandes conjuntos arquitectónicos que en su tiempo superaron en dimensiones, belleza y esplendor a cualquiera de Europa. Los mayas consideraban que el maíz fue una dádiva de los dioses a los hombres, y que cultivarlo era un deber sagrado. Lo tenían en tan alta estima, como para simbolizarlo con el jade, por su color verde y, sobre todo, por ser un mineral precioso. Incluso, según el Popol Vuh, libro sagrado de los mayas, el ser humano fue hecho de maíz luego del fracaso que los dioses tuvieron al probar con otros materiales. NUTRICIÓN BALANCEADA
Aunque la dieta pueda verse monótona y pobre, es insospechadamente amplia y variada. Fuera de las tradicionales tortillas, hay más de cuatrocientas formas distintas de preparar el maíz. Abundante en carbohidratos, también tiene proteínas. Mezclado con frijol (rico en proteínas, hierro y otros minerales), calabaza (que posee alto contenido de grasas y proteínas) y chile, que suministra prácticamente todas las vitaminas necesarias para el hombre, integra una nutrición muy completa y blanceada; sobre todo si se le adicionan proteínas de origen animal y las muchas y muy diversas frutas, verduras y tubérculos procedentes de la milpa y los huertos familiares. Otra ventaja poco conocida del maíz es que antes de molerlo para hacer las tortillas, se lo remoja en agua con cal y de ese modo se lo enriquece con calcio. Por ello, en las zonas de alto consumo de maíz son raros los casos de raquitismo. El maíz también es ampliamente utilizado en medicina popular contra la hepatitis, la hipertensión, la diabetes, la menorragia, los padecimientos renales, los cálculos, el reumatismo, las verrugas, los tumores y otros padecimientos, en forma de cataplasmas, cocciones, ungüentos y emplastos. La infusión de los denominados cabellos de elote esos filamentos que crecen al extremo de la mazorca, es un excelente diurético.
La milpa maya no es, como muchos creen, un monocultivo de maíz entremezclado con frijol. Al contrario, incluye hasta veinte o treinta plantas rastreras, arbustivas, arbóreas y trepadoras muy variadas; por ejemplo, sandía, melón, macal, tomate, jícama, camote y, desde luego, calabaza. En los huertos familiares integrados a la vivienda también se obtiene una gran cantidad y diversidad de productos, tanto de los árboles como de arbustos y plantas cultivadas en almácigos. MITOS ANTIGUOS Y MODERNOS El nombre maíz con que se lo conoce en el mundo de habla española, proviene de mahís, una palabra del idioma taíno que hablaban los indios de Cuba, donde los europeos tuvieron su primer encuentro con él. En maya el nombre del grano es x-im o xiim, y a las mazorcas se las denomina naal. Los mitos de los diferentes grupos indígenas coinciden en que originalmente el maíz permanecía oculto bajo una montaña o una enorme roca y solamente las hormigas podían llegar a ese sitio y sacar los granos. Después de haber descubierto su existencia por la intervención de según las distintas versiones zorras, ratas, gatos de monte, coyotes, cuervos, pericos, urracas u otros animales, los hombres pidieron ayuda a los dioses y éstos, tras varios intentos, lograron sacar el valioso alimento y ponerlo a disposición de la humanidad entera. Conforme al Chilam Balam de Chumayel, un libro de relatos sagrados, el autor de la hazaña fue Chaac, dios del trueno y la lluvia. Y en todas las variantes del mito, aparece como auxiliar de los dioses el pájaro carpintero, quien desde entonces tiene roja la cabeza por la sangre que le manó al herirse con un fragmento de la roca.
Después de la conquista española (siglo XVI), la influencia católica se dejó sentir en los antiguos relatos sobre el origen del maíz, e incluso hizo aparecer otros, como uno según el cual junto con el frijol, la papa y más plantas alimenticias se derramó desde la espalda de Cristo al ser crucificado.
Antaño, el maíz en que había caído la sangre infantil era curado al humo; llegada la época de siembra, se sacaban los granos y se plantaban en nombre del niño. Lo que esas semillas producían era cosechado y vuelto a sembrar una y otra vez. Parte del producto servía como ofrenda religiosa, y el resto para alimentar a la criatura hasta que pudiera cultivar su propia milpa. Así comía no sólo del sudor de su frente sino de su propia sangre. MAZORCAS PARLANTES Un ritual parecido, descrito por fray Bartolomé de las Casas y que perdura entre los tzotziles del estado mexicano de Chiapas, difiere sólo en que con la primera cosecha se prepara un atole para el niño y parte del grano restante se guarda para que, cuando el infante llegue a la edad de hacerlo, lo siembre por sí mismo. Según J. Eric Thompson, uno de los primeros exploradores del Mundo Maya, los granos salpicados con la sangre del ombligo, los siembra el padre ante toda la familia en una pequeña milpa denominada "la sangre del niño", y también toda la familia consume solemnemente, en una especie de comunión, la cosecha que producen. Muchas creencias reflejan el gran poder y valor que se le confiere al maíz. Entre los tzeltales, otra etnia chiapaneca, si un niño ha de quedarse solo, a su lado deben colocarse mazorcas de maíz para que lo cuiden. Derrochar maíz es una especie de grave pecado. Los tzotziles dicen que si las mujeres no recogen los granos que tiran al molerlo, provocan hambre negra, y los niños hambre roja cuando no comen su tortilla sino sólo juegan con ella. En el infierno, según lo conciben los lacandones, también de Chiapas, se convierten en perros y mulas condenados a trabajar sin descanso quienes se han comportado mal... entre ellos quienes desperdician el alimento.
En Guatemala, la mazorca más grande de la cosecha se ata a un cohete que después es lanzado al cielo. Si alcanza gran altura, ello indica que la siguiente cosecha será abundante. En el sur de Belice, el dueño de la milpa recoge personalmente las últimas mazorcas, en las que supuestamente se encuentra el espíritu del maíz, y después de rociarlas con la sangre de un pollo, las mezcla con la semilla de la siguiente siembra, para garantizar que el espíritu siga presente. UN DIOS IDEFENSO Naturalmente, los antiguos mayas tenían un dios del maíz. Según la opinión generalizada entre los antropólogos, era Yum K'aax, al que se representa como un hombre joven, de larga cabellera sin duda por relación con los largos filamentos o cabellos de las mazorcas, hermoso rostro con el clásico perfil maya y un tocado en la cabeza hecho con una espiga de maíz rodeada de hojas. En el sistema de escritura jeroglífica, la cabeza de este dios representa el número 8, del cual es patrón, y el símbolo indicativo de su nombre, Kan, es también el del octavo día, el día maíz, de igual modo que en nuestro calendario el lunes es el día dedicado a la Luna o el viernes a Venus. Hay, empero, ciertas dudas y discusiones respecto a si Yum K'aax fue efectivamente el dios original del maíz, pues las crónicas de la época colonial lo mencionan con otros nombres, como Kauil, Ah Uaxac Yol Kauil, e Itzam Na Kauil. Uil significa sustento y kaa es la raíz de palabras que significan excedente o abundancia. Como sea, el dios del maíz era un ente pasivo e indefenso, víctima de todo género de agresiones por parte de pájaros, insectos o roedores, y cuya sobrevivencia dependía de que los auxiliares del dios de la lluvia le enviaran agua. Pero el hombre es el aliado del maíz. Con sus ritos atrae la lluvia sobre el grano, lo libra de hierbas que le roban espacio y nutrientes, ahuyenta a las plagas y, sobre todo, le da vida al plantarlo. En retribución, el maíz lo alimenta.
Por ello las formas modernas del maíz no pueden existir en estado silvestre. Actualmente, genetistas trabajan para obtener otras razas de maíz de más alto rendimiento, resistentes a plagas, de tallo grueso y robusto para resistir mejor los vientos y de ciclo corto para levantar dos cosechas en lugar de una. En fin, que la historia del maíz todavía no termina.
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