LEYENDAS
JUAN TUL
Y LA ARDILLA

Ilustración
por Jorge Luna
Cierta vez el conejo Juan Tul sostenía
con las manos el techo de una cueva. Pasó la ardilla, se detuvo y al verlo
en tal apuro le dijo:
¿Qué haces Juan Tul?
Ya lo ves, sostengo el techo de esta cueva.
¿Estarás cansado?
Mucho.
Si quieres yo te ayudaré.
Me harás un favor porque te digo que ya no puedo más.
La ardilla tomó el lugar de Juan
Tul y allí se estuvo horas de horas hasta que cayó en la cuenta de que
se trataba de una broma. Bajó las manos y salió de la cueva.
A los pocos día encontró a Juan
Tul y le dijo:
Me engañaste con eso de la cueva.
Juan Tul, haciéndose el sorprendido,
le contestó:
Jamás he estado en la cueva que dices. Llevo meses
en este zacatal. Por cierto, estoy que me muero de cansancio. ¿Por qué
no me das una mano?
Con mucho gusto respondió la ardilla
Juan Tul le echó encima los hatos
más grandes de zacate y escapó. La ardilla se rindió bajo el peso y como
pudo se escurrió y luego pensó: "Otra vez me engañó Juan Tul".
En un camino volvió a encontrar
a Juan Tul y le dijo:
Ya no me engañarás más, Juan Tul. Con este bejuco
te voy a dar una paliza.
¡Qué cosas dices! Desde niño vivo junto a este árbol.
Jamás me he alejado de él. No sé, la verdad, no sé de qué me hablas.
De todas maneras te tengo que castigar.
¿Y por castigarme así, vas a despreciar las piñuelas
que están allí?
¿Dónde?
¿No las ves, tonta? ¡Allí, a la orilla del camino!
Y mientras la ardilla buscaba las
piñuelas, Juan Tul desapareció.
Una tarde, la ardilla tropezó con
Juan Tul y le dijo:
Oye, Juan Tul...
Yo no soy Juan Tul. Yo acabo de salir del bosque que
está del otro lado del camino.
Entonces ¿me darás un poco de agua? ¡Vengo sedienta
de tanto correr!
¡Claro que sí! Aquí tienes mi calabazo lleno de agua.
Bebe hasta la última gota, si quieres.
Sedienta como estaba, la ardilla
bebió de golpe todo el contenido del calabazo y cuando tomó aliento cayó
de bruces. Lo que había tomado era aguardiente. Entonces Juan Tul, muerto
de risa, le dijo:
Vieja borracha, ahora alcánzame si puedes. Y echó
a correr.
Texto
extraído del libro Leyendas y Consejas del Antiguo Yucatán
de Ermilo Abreu Gómez. Editado por el Fondo de Cultura Económica, México.
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