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Del total de las aves del Mundo Maya, más
de las dos terceras partes son residentes permanentes -es decir,
pasan toda su vida en la región, desde que nacen hasta que mueren-
y el tercio restante son migratorias. De estas últimas, la mayoría
viajan en primavera hacia los Estados Unidos y Canadá y retornan
en otoño para establecerse en el trópico durante los meses fríos.
Otras son sólo migrantes de paso, que hacen escala en la región
cuando realizan su viaje anual de ida y vuelta entre Norte y Sudamérica.
Otras más no abandonan el trópico y sólo realizan movimientos migratorios
en el área del Caribe.
Un detalle curioso es que hay muy pocas
especies endémicas. Sólo se ha registrado alrededor de una veintena.
Una bastante notable es el cutz o pavo de monte (Agriocharis
ocellata para los biólogos), parecido al pavo silvestre de los
Estados Unidos pero de diferente género y especie y que no ha podido
ser domesticado. En las altas montañas de Chiapas habita el pavón
o guan cornudo (Oreophasis derbianus). Otra notable ave casi
endémica del Mundo Maya -llega hasta el occidente de Panamá- es
el quetzal.
La región es un verdadero paraíso para
los observadores de aves. En Cancún -principal centro turístico
de México- y sus alrededores se identificaron 241 especies al principiar
la década de los 80. Ese total representa casi la mitad de las existentes
en la mexicana península de Yucatán y cerca de la cuarta parte del
país. En la diminuta isla del Contoy, al norte de Cancún -declarada
santuario de aves debido a las enormes cantidades que ahí anidan-,
se han registrado cien especies, a pesar de que ni siquiera hay
agua dulce en el lugar.
Las aves más raras y características del
Mundo Maya se encuentran en la selva. Muchas casi nunca vuelan.
Tal es el caso de la gallina de monte (Tinamus major), que
habita en selvas densas y sólo realiza vuelos de cinco o diez metros
para escapar de sus enemigos. Otras aves principalmente caminadoras
son el cutz y el hocofaisán (Crax rubra), ambas aproximadamente
de un metro de largo.
La imponente águila arpía (Harpia harpyja),
la mayor de todas las águilas, vuela dentro de la arboleda y no
por encima de ésta como las demás. Lo hace a gran velocidad, eludiendo
ramas, troncos y lianas. Está seriamente amenazada por la deforestación.
Más escaso todavía y en riesgo de desaparecer es el guan cornudo,
llamado así por la protuberancia roja en forma de cuerno que posee
en la cabeza. De él quedan ya sólo unos cuantos ejemplares en los
bosques nublados de la reserva El Triunfo, en el estado mexicano
de Chiapas.
Las aves tropicales por excelencia son
los psitácidos, como denominan los biólogos a loros, pericos, cotorras
y guacamayas. Existe una veintena de especies, en su mayoría de
vivo color verde, siendo excepcional la enorme guacamaya roja (Ara
macao), inconfundible por su plumaje rojo con amarillo y azul
en el ala. Hay también bandadas de chachalacas, de canto estridente,
y numerosas aves canoras, como el tordo (Dives dives), el
ruiseñor (Turdus grayi), cuyos trinos son especialmente melodiosos,
y el cenzontle tropical (Mimus gilvus), que tiene la habilidad
de imitar no sólo a otros pájaros sino inclusive a loros, perros
y gallinas.
Entre las aves de rapiña destacan águilas,
halcones, gavilanes, milanos, aguilillas, búhos y lechuzas, así
como los pájaros carpinteros, mosqueros, abejeros, papamoscas, avisperos,
hormigueros y otros muchos que se alimentan con los insectos y demás
invertebrados abundantes en el trópico. También son aves de selva
los tucanes, identificables por su pico descomunal. El mayor y más
conocido es el tucán real (Ramphastos sulfuratus).
Las aves de la selva no son fáciles de
ver, pues debido a los colores de su plumaje, muchas se confunden
con la vegetación. Pero en la playa y sus cercanías es posible observar,
además de los bien conocidos pelícanos, gaviotas y fragatas, cientos
de llamativas especies de aves marinas, playeras, costeras y de
humedales. En la franja de dunas arenosas que se extiende a lo largo
de la costa en gran parte de la península de Yucatán, Belize, Honduras
y Guatemala, se han registrado más de cien especies de aves terrestres.
Tan ventajoso es vivir en la franja costera
y los manglares que algunas aves se encuentran exclusiva o casi
exclusivamente en esos sitios, y sólo a veces llegan tierra adentro.
Así, en lugares donde aún hay vegetación silvestre habitan numerosas
especies de palomas, colibríes, cardenales, chipes y otros pequeños
pájaros.
A la orilla del mar, en la franja de la
playa donde mueren las olas, se pueden observar también parvadas
de numerosas especies popularmente llamadas correlones, costureros
y vuelvepiedras. Los primeros avanzan y retroceden con el vaivén
de las olas en busca de animalillos dejados por el agua, en tanto
que los costureros picotean la arena -rápida y repetidamente, como
la aguja de una máquina de coser- para atrapar animales enterrados.
Los vuelvepiedras reciben su nombre porque voltean piedras y conchas
en busca de alimento.
Quizá los mejores sitios para observar
grandes concentraciones de aves de considerable tamaño son los humedales
-pantanos, ciénagas, esteros y lagunas- cercanos a la costa. Ahí
se encuentran particularmente las llamadas vadeadoras o zancudas,
del tipo de las garzas, ibis, cigüeñas y flamencos, fáciles de reconocer
debido a sus largas patas y grandes picos.
La mayor de todas es la garza gigante (Ardea
herodias), de casi metro y cuarto de estatura. También es de
gran tamaño la garza blanca (Casmerodius albus), de la cual
hay grandes bandadas en la Laguna de Términos, en Campeche, y los
humedales de la costa de Tabasco. De las dos especies de cigüeñas
del Mundo Maya, la de mayores dimensiones -y también la mayor ave
del continente americano- es el jabirú (Jabiru mycteria).
De pie, alcanza casi la estatura de un hombre y con las alas extendidas
abarca tres metros. Se lo reconoce a gran distancia por ser casi
totalmente blanco, con una especie de banda o bufanda de vivo color
rojo en el cuello y un pico descomunal negro y ligeramente curvado
hacia arriba. Habita zonas de sabanas y está seriamente amenazado
de extinción. En toda la península de Yucatán quedan sólo una veintena
de parejas anidantes -la mayor parte en los alrededores de la Laguna
de Términos- y en Belice probablemente hay un centenar. Sus enormes
nidos, en árboles aislados, son muy visibles, pero los biólogos
aconsejan no volar a baja altura sobre ellos ni acercárseles, pues
el jabirú es muy asustadizo y puede huir abandonando nido y polluelos.
En cambio, los flamencos son muy abundantes
y su número sigue aumentando gracias a la protección que se le da
en las reservas de la biosfera donde anidan. En el norte de la península
de Yucatán hay una colonia de flamencos rosados (Phoenicopterus
ruber) -la más nutrida del continente americano- que rebasa
los treinta mil ejemplares. Los flamencos forman grandes bandadas
que constituyen un bello espectáculo por el contraste entre el vivo
color rosado de su plumaje y el verde oscuro de la vegetación. Durante
el año se desplazan a lo largo de la costa yucateca entre sus sitios
de anidación -en la zona de Río Lagartos- y sus zonas de alimentación
en el estero de Celestún.
A la mayoría de las aves de los humedales
es muy fácil observarlas debido a su gran tamaño, a que caminan
por lugares abiertos y a que toleran mejor que otras aves la cercanía
del hombre. Además, a veces forman agrupaciones de docenas o cientos
de individuos. La mejor época para verlas es la de sequía, de diciembre
a abril o mayo, ya que al reducirse las masas de agua de los humedales
aumenta la concentración de peces y otros organismos acuáticos que
forman parte de su dieta, y ello hace que las aves se congreguen.
Hasta ahora no se ha podido hacer un conteo
preciso o siquiera un buen cálculo aproximado del número de aves
migratorias que pasan el otoño y el invierno en el Mundo Maya y
los meses cálidos en Estados Unidos y Canadá, pero se estima que
son probablemente entre mil quinientos y dos mil millones las que
participan en ese portentoso movimiento anual. Tan sólo en los 1
500 kilómetros cuadrados de selva de la Reserva de la Biosfera de
Sian Ka'an, en Quintana Roo (México), se instala probablemente un
millón.
Su viaje es una auténtica proeza. Entre
la región maya y los Estados Unidos y Canadá tienen que remontar
un obstáculo formidable: el Golfo de México. Algunas prefieren eludirlo,
y lo contornean viajando todo el tiempo sobre tierra, pero la mayoría
se lanza a cruzarlo, lo cual exige volar mil kilómetros de un tirón.
Según la dirección e intensidad de los vientos, eso les lleva de
veinte a cuarenta horas de vuelo continuo.
Por mucho tiempo los ornitólogos no aceptaron
que las aves cruzaran directamente el golfo, pues se pensaba que
sería algo superior a sus fuerzas, pero finalmente tuvieron que
rendirse ante las evidencias. Descubrieron también que el sentido
de orientación es tan preciso en estas aves, que cada año llegan
a la misma área. Incluso, aunque parezca increíble, regresan año
con año al mismo árbol en que anidaron la primera vez, según se
ha comprobado durante investigaciones hechas en Quintana Roo, donde
durante varios años consecutivos, se recapturó exactamente en el
mismo sitio ejemplares previamente marcados para su identificación.
Algunas de las aves del Mundo Maya han
sido seriamente afectadas por la deforestación e incluso están en
peligro de extinción. Pero durante los últimos años se han hecho
grandes esfuerzos por protegerlas. Las áreas naturales bajo supervisión
ambiental como la Reserva de la Biosfera Maya, en Guatemala, la
de Río Plátano, en Honduras, las mexicanas de la costa de Yucatán,
de Sian Ka'an, en Quintana Roo, de Calakmul y Laguna de Términos,
en Campeche, de Centla, en Tabasco, y de El Triunfo y Montes Azules,
en Chiapas, así como el santuario del mono aullador en Belize, garantizan
la conservación de poblaciones importantes de cuando menos el 90
por ciento de las aves registradas en la región, entre ellas la
mayoría de las especies amenazadas.
El futuro de la avifauna del Mundo Maya
no parece tan sombrío como algunos piensan.
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