NATURALEZA

UN MUNDO DE AVES

Por Juan José Morales

 
 
 
 
 
 
 
 
 

Del total de las aves del Mundo Maya, más de las dos terceras partes son residentes permanentes -es decir, pasan toda su vida en la región, desde que nacen hasta que mueren- y el tercio restante son migratorias. De estas últimas, la mayoría viajan en primavera hacia los Estados Unidos y Canadá y retornan en otoño para establecerse en el trópico durante los meses fríos. Otras son sólo migrantes de paso, que hacen escala en la región cuando realizan su viaje anual de ida y vuelta entre Norte y Sudamérica. Otras más no abandonan el trópico y sólo realizan movimientos migratorios en el área del Caribe.

    Un detalle curioso es que hay muy pocas especies endémicas. Sólo se ha registrado alrededor de una veintena. Una bastante notable es el cutz o pavo de monte (Agriocharis ocellata para los biólogos), parecido al pavo silvestre de los Estados Unidos pero de diferente género y especie y que no ha podido ser domesticado. En las altas montañas de Chiapas habita el pavón o guan cornudo (Oreophasis derbianus). Otra notable ave casi endémica del Mundo Maya -llega hasta el occidente de Panamá- es el quetzal.

    La región es un verdadero paraíso para los observadores de aves. En Cancún -principal centro turístico de México- y sus alrededores se identificaron 241 especies al principiar la década de los 80. Ese total representa casi la mitad de las existentes en la mexicana península de Yucatán y cerca de la cuarta parte del país. En la diminuta isla del Contoy, al norte de Cancún -declarada santuario de aves debido a las enormes cantidades que ahí anidan-, se han registrado cien especies, a pesar de que ni siquiera hay agua dulce en el lugar.

    Las aves más raras y características del Mundo Maya se encuentran en la selva. Muchas casi nunca vuelan. Tal es el caso de la gallina de monte (Tinamus major), que habita en selvas densas y sólo realiza vuelos de cinco o diez metros para escapar de sus enemigos. Otras aves principalmente caminadoras son el cutz y el hocofaisán (Crax rubra), ambas aproximadamente de un metro de largo.

    La imponente águila arpía (Harpia harpyja), la mayor de todas las águilas, vuela dentro de la arboleda y no por encima de ésta como las demás. Lo hace a gran velocidad, eludiendo ramas, troncos y lianas. Está seriamente amenazada por la deforestación. Más escaso todavía y en riesgo de desaparecer es el guan cornudo, llamado así por la protuberancia roja en forma de cuerno que posee en la cabeza. De él quedan ya sólo unos cuantos ejemplares en los bosques nublados de la reserva El Triunfo, en el estado mexicano de Chiapas.

    Las aves tropicales por excelencia son los psitácidos, como denominan los biólogos a loros, pericos, cotorras y guacamayas. Existe una veintena de especies, en su mayoría de vivo color verde, siendo excepcional la enorme guacamaya roja (Ara macao), inconfundible por su plumaje rojo con amarillo y azul en el ala. Hay también bandadas de chachalacas, de canto estridente, y numerosas aves canoras, como el tordo (Dives dives), el ruiseñor (Turdus grayi), cuyos trinos son especialmente melodiosos, y el cenzontle tropical (Mimus gilvus), que tiene la habilidad de imitar no sólo a otros pájaros sino inclusive a loros, perros y gallinas.

    Entre las aves de rapiña destacan águilas, halcones, gavilanes, milanos, aguilillas, búhos y lechuzas, así como los pájaros carpinteros, mosqueros, abejeros, papamoscas, avisperos, hormigueros y otros muchos que se alimentan con los insectos y demás invertebrados abundantes en el trópico. También son aves de selva los tucanes, identificables por su pico descomunal. El mayor y más conocido es el tucán real (Ramphastos sulfuratus).

    Las aves de la selva no son fáciles de ver, pues debido a los colores de su plumaje, muchas se confunden con la vegetación. Pero en la playa y sus cercanías es posible observar, además de los bien conocidos pelícanos, gaviotas y fragatas, cientos de llamativas especies de aves marinas, playeras, costeras y de humedales. En la franja de dunas arenosas que se extiende a lo largo de la costa en gran parte de la península de Yucatán, Belize, Honduras y Guatemala, se han registrado más de cien especies de aves terrestres.

    Tan ventajoso es vivir en la franja costera y los manglares que algunas aves se encuentran exclusiva o casi exclusivamente en esos sitios, y sólo a veces llegan tierra adentro. Así, en lugares donde aún hay vegetación silvestre habitan numerosas especies de palomas, colibríes, cardenales, chipes y otros pequeños pájaros.

    A la orilla del mar, en la franja de la playa donde mueren las olas, se pueden observar también parvadas de numerosas especies popularmente llamadas correlones, costureros y vuelvepiedras. Los primeros avanzan y retroceden con el vaivén de las olas en busca de animalillos dejados por el agua, en tanto que los costureros picotean la arena -rápida y repetidamente, como la aguja de una máquina de coser- para atrapar animales enterrados. Los vuelvepiedras reciben su nombre porque voltean piedras y conchas en busca de alimento.

    Quizá los mejores sitios para observar grandes concentraciones de aves de considerable tamaño son los humedales -pantanos, ciénagas, esteros y lagunas- cercanos a la costa. Ahí se encuentran particularmente las llamadas vadeadoras o zancudas, del tipo de las garzas, ibis, cigüeñas y flamencos, fáciles de reconocer debido a sus largas patas y grandes picos.

    La mayor de todas es la garza gigante (Ardea herodias), de casi metro y cuarto de estatura. También es de gran tamaño la garza blanca (Casmerodius albus), de la cual hay grandes bandadas en la Laguna de Términos, en Campeche, y los humedales de la costa de Tabasco. De las dos especies de cigüeñas del Mundo Maya, la de mayores dimensiones -y también la mayor ave del continente americano- es el jabirú (Jabiru mycteria). De pie, alcanza casi la estatura de un hombre y con las alas extendidas abarca tres metros. Se lo reconoce a gran distancia por ser casi totalmente blanco, con una especie de banda o bufanda de vivo color rojo en el cuello y un pico descomunal negro y ligeramente curvado hacia arriba. Habita zonas de sabanas y está seriamente amenazado de extinción. En toda la península de Yucatán quedan sólo una veintena de parejas anidantes -la mayor parte en los alrededores de la Laguna de Términos- y en Belice probablemente hay un centenar. Sus enormes nidos, en árboles aislados, son muy visibles, pero los biólogos aconsejan no volar a baja altura sobre ellos ni acercárseles, pues el jabirú es muy asustadizo y puede huir abandonando nido y polluelos.

    En cambio, los flamencos son muy abundantes y su número sigue aumentando gracias a la protección que se le da en las reservas de la biosfera donde anidan. En el norte de la península de Yucatán hay una colonia de flamencos rosados (Phoenicopterus ruber) -la más nutrida del continente americano- que rebasa los treinta mil ejemplares. Los flamencos forman grandes bandadas que constituyen un bello espectáculo por el contraste entre el vivo color rosado de su plumaje y el verde oscuro de la vegetación. Durante el año se desplazan a lo largo de la costa yucateca entre sus sitios de anidación -en la zona de Río Lagartos- y sus zonas de alimentación en el estero de Celestún.

    A la mayoría de las aves de los humedales es muy fácil observarlas debido a su gran tamaño, a que caminan por lugares abiertos y a que toleran mejor que otras aves la cercanía del hombre. Además, a veces forman agrupaciones de docenas o cientos de individuos. La mejor época para verlas es la de sequía, de diciembre a abril o mayo, ya que al reducirse las masas de agua de los humedales aumenta la concentración de peces y otros organismos acuáticos que forman parte de su dieta, y ello hace que las aves se congreguen.

    Hasta ahora no se ha podido hacer un conteo preciso o siquiera un buen cálculo aproximado del número de aves migratorias que pasan el otoño y el invierno en el Mundo Maya y los meses cálidos en Estados Unidos y Canadá, pero se estima que son probablemente entre mil quinientos y dos mil millones las que participan en ese portentoso movimiento anual. Tan sólo en los 1 500 kilómetros cuadrados de selva de la Reserva de la Biosfera de Sian Ka'an, en Quintana Roo (México), se instala probablemente un millón.

    Su viaje es una auténtica proeza. Entre la región maya y los Estados Unidos y Canadá tienen que remontar un obstáculo formidable: el Golfo de México. Algunas prefieren eludirlo, y lo contornean viajando todo el tiempo sobre tierra, pero la mayoría se lanza a cruzarlo, lo cual exige volar mil kilómetros de un tirón. Según la dirección e intensidad de los vientos, eso les lleva de veinte a cuarenta horas de vuelo continuo.

    Por mucho tiempo los ornitólogos no aceptaron que las aves cruzaran directamente el golfo, pues se pensaba que sería algo superior a sus fuerzas, pero finalmente tuvieron que rendirse ante las evidencias. Descubrieron también que el sentido de orientación es tan preciso en estas aves, que cada año llegan a la misma área. Incluso, aunque parezca increíble, regresan año con año al mismo árbol en que anidaron la primera vez, según se ha comprobado durante investigaciones hechas en Quintana Roo, donde durante varios años consecutivos, se recapturó exactamente en el mismo sitio ejemplares previamente marcados para su identificación.

    Algunas de las aves del Mundo Maya han sido seriamente afectadas por la deforestación e incluso están en peligro de extinción. Pero durante los últimos años se han hecho grandes esfuerzos por protegerlas. Las áreas naturales bajo supervisión ambiental como la Reserva de la Biosfera Maya, en Guatemala, la de Río Plátano, en Honduras, las mexicanas de la costa de Yucatán, de Sian Ka'an, en Quintana Roo, de Calakmul y Laguna de Términos, en Campeche, de Centla, en Tabasco, y de El Triunfo y Montes Azules, en Chiapas, así como el santuario del mono aullador en Belize, garantizan la conservación de poblaciones importantes de cuando menos el 90 por ciento de las aves registradas en la región, entre ellas la mayoría de las especies amenazadas.

    El futuro de la avifauna del Mundo Maya no parece tan sombrío como algunos piensan.

 


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