NATURALEZA

FLORES DEL VOLCÁN

La Sierra Madre de Chiapas es rica en bromelias, orquídeas y otras flores como la antorcha, la más famosa del estado.

Texto y fotos por David Díaz Gómez

Con diez km de diámetro y una altura de cuatro mil treinta metros snm, el Tacaná forma parte de la Sierra Madre de Chiapas, verdadera muralla que alcanza los doscientos ochenta km de longitud y promedia sesenta km de anchura.

    La sierra, espectacular incluso entre las muchísimas bellezas naturales del Mundo Maya, se levanta frente a una estrecha planicie de treinta y cinco km en su parte más ancha, bañada por el Pacífico y conocida geográficamente como el Soconusco.

    Al Tacaná se lo llama "faro del sur". Es el principal punto de referencia de los habitantes del Soconusco, y dado que puede vérselo desde varias millas náuticas océano adentro, los marinos saben, avistándolo, cuándo están en aguas mexicanas.

    Las tierras del Soconusco fueron corredor de paso de antiguas migraciones humanas que subían y bajaban por el continente, según consta en los vestigios arqueológicos de los manglares de Chantuto, restos de construcciones realizadas hace cinco mil años. En la época prehispánica, antes del arribo de los conquistadores europeos en el siglo XVI, el Soconusco proveía de aves preciosas y cacao a la corte del emperador azteca Moctezuma. Las plumas de quetzal que adornan el penacho del gobernante provinieron de los alrededores del Tacaná.

    Soconusco y Tacaná, costa y montaña, entretejen un singular ámbito ecológico: la zona más lluviosa de México, sólo comparable a registros logrados en algunas islas de Hawai y en las montañas de Indonesia, con promedios anuales en las faldas del volcán de cinco mil a seis mil mm de precipitación pluvial.

    Grandes territorios están rebosantes de bosques conservados por el hombre para la cafeticultura. Y puesto que muchas variedades de café se desarrollan a la sombra de los árboles, ello ha frenado la deforestación.

    También abundan cañadas y laderas, con su lujuriosa vegetación primaria cubierta casi siempre por niebla. Allí destacan plantas representativas como la "capa de pobre", bajo cuyas amplias hojas se protegen los serranos cuando llueve; o los "paraguas" y los helechos arbóreos, contemporáneos de los dinosaurios y auténticos fósiles vivientes.

    Aunque la fauna es rica y variada—en las partes más altas del volcán viven pumas, venados, jabalíes e innumerables aves como el quetzal y el pavón—, la diversidad de la flora resulta apabullante: es un reino de grandes árboles y plantas trepadoras, que luchan entre sí por alcanzar la luz solar desde la eterna penumbra de la selva montañosa.

    El Tacaná puede considerarse muestrario de los diferentes tipos de vegetación que existen en Chiapas. De acuerdo a la altura del terreno sobre el nivel del mar, la selva o el bosque se pueblan de especies diferentes. En las partes bajas hay restos de selva alta que, quinientos metros más arriba, se convierten en mantos de selva de montaña y después en nubliselvas. La flora va cambiando poco a poco hasta dar paso, más allá de los dos mil metros, a zonas de pinos, encinos y coníferas.

    Las cimas de la Sierra Madre y el Tacaná sólo son visibles desde la costa del Soconusco durante las primeras horas de la mañana. Antes del mediodía, las siluetas de la cordillera desaparecen bajo espesas cortinas de nubes. En ese mundo de nubosidad tropical imperan el mezcal (el árbol más alto de Chiapas, con ochenta metros de altura y seis metros de diámetro) y el matapalo, una planta parásita de gran tamaño que crece en árboles a los que mata conforme sus raíces aéreas van agarrándose al tronco.

    También hay árboles singulares como el palo de chiche, cuyas grandes semillas se asemejan al pecho de una mujer—en el léxico del Soconusco se les dice chiches a los senos—, y el hormiguillo, que sirve para confeccionar teclas de marimba.

    Algunos árboles, como el matalisguate y el primavero, ofrecen su belleza cuando al final del invierno se cubren totalmente con flores lilas el primero y encendidas flores amarillas el segundo.

    En las selvas y bosques de altura abundan las epifitas, pequeños seres vegetales que utilizan los troncos y las ramas de los árboles para crecer, alimentándose de la humedad ambiental. Allí, musgos, líquenes y helechos se conglomeran cubriéndolo todo, formando espesos vecindarios con bromelias, orquídeas y otras plantas de grandes flores o con el pashté, una epifita cuyos colgantes tallos tienen hasta metro y medio de longitud.

    Cerca de la cima del Tacaná existe, además, el único páramo auténtico de la frontera mexicana del sur, ubicado a tres mil metros de altitud. Más arriba, los bosques desaparecen dando paso a grandes extensiones de matorrales y pastizales con tramos de suelo desnudo. Allí se forman escarcha y delgadas capas de hielo sobre aguas estancadas; durante el invierno, ocurren pequeñas nevadas.

    Poseedor de un enorme potencial ecoturístico, el gran faro del sur es, más que sitio fronterizo, un valioso eslabón que une a la cordillera de Norte y Centroamérica, en pleno corazón del Mundo Maya.


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