VIDA DIARIA
EN TIERRAS
GARÍFUNAS

Por
Sharon Van Bramer
Dangriga es la mayor ciudad del sur de Belice y
base ideal para la exploración de esta parte del país. Se encuentra a
90 km de Belmopán, la capital, y a 170 km de Ciudad Belice. Cerca se hallan
el Santuario de Vida Silvestre de la Cuenca de Cockscomb y el sitio arqueológico
de Caracol; frente a la playa se sitúan los fabulosos cayos de South Water,
Man-o-War y Tobacco. Dangriga está bien ubicada, pero lo que hace que
valga la pena como destino por sí solo, a pesar de ser un modesto pueblo
rural, son los garífuna.
Éstos
fundaron Dangriga hace casi dos siglos, pero con su población de 8 100
almas hoy es una de las mayores comunidades afrocaribeñas del mundo. Son
una cultura híbrida, estrechamente ligada a la historia de la cuenca del
Caribe y una de las razones de que Belice sea caribeño en vez de latinoamericano,
salvo la geografía.
Antes que Colón zarpara para lo que se llamó
Nuevo Mundo, las islas de Sotavento estaban habitadas por indios caribes
y arawak. Aquéllos acabaron por absorber a los arawak, pero no tardaron
en enfrentarse a ingleses y franceses. Los ingleses lucharon contra los
caribes entre 1625 y 1660, año en que se firmó un tratado que concedía
la soberanía a los indios en las islas de Saint Vincent y Dominicana.
Pero al cabo de ocho años, los europeos rompieron el tratado y colonizaron
ambas islas.
Era
una época en la que la esclavitud constituía un gran negocio. Por esos
rumbos abundaban los esclavistas y hacia 1635 dos barcos españoles se
hundieron frente a la costa de Saint Vincent con decenas de nigerianos,
algunos de los cuales lograron llegar vivos a la isla. Ambas razas, la
india y la negra, se mezclaron y en 1773 la mayoría de los habitantes
de Saint Vincent era una población llamada garífuna.
Durante todo el siglo XVIII, la hostilidad entre
blancos y negros fue creciendo hasta que en 1796 los garífunas lanzaron
un ataque total y perdieron. Fueron capturados cinco mil y fue muerto
el gran jefe caribeño Joseph Chatoyer. Los británicos deportaron unos
dos mil garífunas a la isla de Roatán, parte del archipiélago hondureño
de la Bahía. Muchos murieron en la travesía y el resto fue dejado con
víveres para tres meses. No se quedaron allí: en grupos, intentaban llegar
al continente, donde eran perseguidos por el gobierno colonial español.
En 1832, uno de esos grupos, bajo el mando de Alejo Beni, se trasladó
al norte, hacia lo que hoy es el distrito de Stann Creek, en Belice.
Las
únicas comunidades garífunas del mundo están circunscritas al litoral
este de Nicaragua, Honduras, Guatemala y Belice. En cada uno de sus países
de adopción forman una cultura aparte. En Belice viven al margen de la
vida nacional y se sienten felices así.
Los garífunas son celosos de sus raíces y su
mentalidad es conservadora; se trata de gente campechana y sin complicaciones,
con cierta vena espiritual y artística. La música y bailes son expresiones
únicas de su concepto del mundo y de su talento para la percusión. Son
también sobresalientes artistas naif y varios pintores de este estilo
viven y trabajan en Dangriga.
Los garífunas son una cultura matriarcal que
se da el nombre de garinagu. La madre es el centro de la familia y ésta,
a su vez, es la unidad básica de la sociedad. Las mujeres son las depositarias
del antiguo saber de la cultura y el vehículo por cuyo intermedio los
muertos se comunican con los vivos. Los garífunas creen que los muertos
pueden actuar directamente en los vivos, y las mujeres periódicamente
son "poseídas" por parientes difuntos deseosos de conversar (cosa que
hacen en encuentros formalmente organizados, llamados dugus). Según
sus creencias, las fuerzas del bien y el mal se pueden dirigir mediante
sortilegios, otra manifestación de su origen oesteafricano.
En Dangriga se habla un idioma propio de todos
los garífunas, un patois o creol que conjuga las múltiples influencias
culturales de su historia. El idioma raíz, caribeño-arawak, está salpicado
de palabras del español, inglés y francés. Pero la mayoría de los garífunas
son bilingües y, además de su idioma, hablan inglés o español; algunos
incluso chapurrean dialectos mayas, como el kekchí o el miskito.
En Dangriga la gente vive con sencillez, dedicada
a la pesca y a la agricultura. De entre los garífunas ha salido un puñado
de profesionales (maestros, enfermeras, burócratas), muchos de los cuales
han emigrado a Estados Unidos, donde tener formación es redituable. Así
pues, otra fuente de ingresos del país suele ser a menudo el dinero que
estos emigrados envían a los familiares de Belice.
La
gastronomía se basa en el pescado, el pollo, la carne de puerco, el maíz
y la yuca, pero además hacen maravillas con el coco. Son también buenos
artesanos, y en Dangriga se realizan obras como las tradicionales muñecas,
maracas, trabajos de palma y los tambores que, según sus fabricantes,
duran cien años.
La arquitectura no ha cambiado en siglos. Desde
luego, hay algunas casas edificadas sólidamente con cemento, pero en la
mayoría de los casos se trata de construcciones de planchas de madera
levantadas sobre postes para salvarse de eventuales inundaciones y para
que les llegue mejor la brisa.
El poblado se distribuye a ambas orillas del
río North Stann Creek, que los garífunas llaman Gumaragaru, nombre cuyo
significado es "aquí el agua está a la mano"; de hecho, el agua potable
de Dangriga está considerada como la mejor de Belice. Barcas de pesca
recorren el río y las mujeres andan de aquí por allá por las polvorientas
calles cargando todo tipo de cosas sobre la cabeza.
Durante las fiestas, Dangriga adquiere otra vida.
Navidad se vuelve un auténtico carnaval, aunque el más importante día
del año es, con mucho, el 19 de noviembre. Los garífunas que viven en
otras partes del mundo regresan a sus casas para celebrar el día que su
gente llegó a Belice, en 1835, festejo en que se escenifica "El Desembarco".
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